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Beveiligingsnieuws

Gestión de riesgos e incidentes en ciberseguridad

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El NCSC Community Event reunió en Nieuwegein a unas 500 personas entre miembros, ponentes y aliados para abordar una pregunta que se siente cada vez más urgente: ¿cómo controlar los riesgos y qué hacer cuando ocurre un incidente? En esta primera edición bajo la bandera del NCSC, el debate dejó claro que la ciberseguridad ya no depende solo de TI, sino también de marcos legales, certificaciones, seguros, comunicación, concienciación y cuestiones jurídicas.

Con un programa diverso, stands y participantes de distintos sectores, el evento mostró que preparar y responder no es un ejercicio teórico. Es un trabajo continuo que combina proceso, escenarios, decisiones y, sobre todo, capacidad de actuar con criterio cuando la presión aumenta.

Una comunidad para conectar, aprender y compartir

En la apertura se subrayó el papel de la comunidad como un “punto de encuentro” para lo que el NCSC impulsa: conectar, aprender y compartir. Esa idea se trasladó a lo largo del día: sesiones temáticas, talleres y conversaciones en los espacios de networking, donde la diversidad de enfoques se convirtió en parte del valor del evento.

También se percibió el tono de los tiempos. Las referencias a incidentes recientes y la variedad de áreas de atención reflejaban que la ciberseguridad moderna exige coordinación interna y externa, además de pensar más allá de la tecnología.

Los dos ejes: gestión de riesgos e incidentes

Los temas que dominaron el programa se organizaron como leerlijnen (itinerarios de aprendizaje) con sesiones consecutivas. Por un lado, un itinerario centrado en la gestión de riesgos. Por otro, uno dedicado al management de incidentes: prepararse, comprender qué ocurre durante un incidente y trabajar el componente de crisis, cumplimiento, comunicación y responsabilidad.

La idea de fondo fue práctica: ¿qué proteger, cómo asegurar la continuidad y, si “sale mal”, cómo responder sin improvisar.

Plan-do-check-act: empezar pequeño para crecer en madurez

Antes del bloque del mediodía, se introdujo un enfoque para arrancar en gestión de riesgos sin caer en el error habitual de querer “hacerlo todo” desde el inicio. En esa línea, se destacó el valor del ciclo plan-do-check-act: planificar, ejecutar, comprobar y ajustar.

La recomendación principal fue clara: no es un enfoque único para todos. El arranque no debería basarse directamente en un análisis de riesgos masivo, porque puede generar bloqueo dentro de la organización. En lugar de eso, se propone iniciar con pasos concretos, aprender en cada ciclo y, con el tiempo, avanzar hacia una mayor madurez en ciberseguridad.

MASKeR: escenarios que puedes repetir y compartir

Posteriormente, se presentó el método MASKeR (Modular Approach Scenarios Knowledge Sharing and Risk Management), orientado a convertir la gestión de riesgos en algo pragmático. La idea es que los escenarios no sean documentos difíciles de mantener, sino una herramienta manejable para organizaciones.

El formato descrito consistía en un taller de dos días para trabajar escenarios propios. En el primer tramo, se identifican los intereses: ¿qué quieres proteger y por qué? A partir de ahí, se construyen escenarios combinando piezas que ayudan a estructurar la realidad: actor, método de ataque, objetivo e impacto.

Con la combinación de estos componentes, se propone elaborar una representación visual de escenarios para apoyar decisiones: dónde invertir en prevención y dónde poner el foco en respuesta. Al final, lo importante es que los resultados sean repetibles, factibles y compartibles dentro y entre organizaciones.

De la preparación a la respuesta: lo que importa durante un incidente

La segunda leerlijn se dedicó al incident management y se desarrolló en tres sesiones. El enfoque fue escalonado: primero, cómo preparar a la organización; después, qué tipos de situaciones pueden aparecer durante el incidente; y, por último, cómo se articula el trabajo de crisis cuando ya está ocurriendo el daño.

En ese tramo final, se incorporó una mirada legal práctica. Una abogada participó para explicar cómo el conocimiento jurídico ayuda a mantener control, evitar errores comunes y limitar el daño derivado de un incidente de ciberseguridad. La idea: la legalidad y la responsabilidad no son temas “para después”, sino elementos que influyen en las decisiones desde el primer momento.

Una realidad geopolítica y un “mundo áspero”

En la sesión plenaria, un especialista en interpretación geopolítica planteó que vivimos un periodo de transición hacia “algo nuevo”, marcado por incertidumbres y tensiones sobre valores como la libertad de expresión, la privacidad y el funcionamiento del mercado. También se mencionó el paso hacia un entorno más multipolar frente a la lógica bipolarn después de la Segunda Guerra Mundial.

Este contexto se conectó con el dominio digital: las fronteras entre perfiles tradicionales (hacktivistas, actores estatales y delincuentes) se vuelven más difusas. En lugar de tratarlo como categorías rígidas, se propuso un enfoque de empatía estratégica: intentar comprender a otras partes, lo que puede mejorar la posición en negociaciones o decisiones.

Más allá de los sistemas: víctimas, comunicación y negociación

La ponencia principal sobre incidentes insistió en que un ciberincidente afecta mucho más que infraestructura. Se mencionó el concepto de “víctimas olvidadas” asociadas al ransomware: no solo el personal técnico o la empresa, sino también empleados, clientes y ciudadanos.

Se compartió un ejemplo donde un incidente relacionado con una investigación poblacional causó un impacto relevante en la confianza. Además, se subrayó que los equipos de crisis también sufren la carga emocional de gestionar lo que ocurre.

Para reducir la presión, se remarcó el papel de la comunicación tanto interna como externa. Se insistió en que las palabras elegidas importan, y que el momento de lo que se comunica puede ser determinante, especialmente cuando los atacantes observan el relato público y las decisiones de respuesta.

En el mismo sentido, se compartió una anécdota sonora que reflejó la naturaleza de ciertas negociaciones: un atacante llamaba casi con calma para solicitar la creación de un canal de comunicación. La reflexión fue que, cuando una organización comprende el modelo de negocio del atacante y su propia posición negociadora, puede sostener conversaciones con más claridad.

Simulacros y gestión emocional en una “crisis realista”

Otro taller se enfocó en algo que a menudo se subestima: lo que ocurre cuando “se activa” el instinto bajo presión. Un facilitador comentó que, en situaciones tensas, emerge la parte más “primitiva” del comportamiento humano. Por eso, los ejercicios prácticos resultan valiosos: permiten entrenar decisiones, roles y prioridades antes de que llegue el momento de verdad.

El escenario propuesto incluía un problema no solo en la empresa, sino también en un proveedor. Surgían preguntas concretas: cuándo preocuparse realmente, qué pasos ejecutar, quién debe formar el equipo de crisis y qué roles hacen falta. También se discutió una tensión ética y operativa: si se aborda o no el pago de rescate, especialmente cuando el tiempo para decidir es muy corto.

Además, se abordó el impacto de la sustracción de datos personales de empleados y el rol de áreas como RR. HH. La recomendación final fue coherente con el enfoque del evento: practicar con la organización y con socios de la cadena para ganar tiempo y criterio durante el incidente.

Herramientas, marcos y normas: apoyo para la práctica diaria

En el networking, los miembros pudieron interactuar con iniciativas y stands asociados a colaboraciones público-privadas. Se mencionaron ejemplos como una herramienta de análisis de vulnerabilidades (OpenKAT), iniciativas de concienciación como No More Leaks, y organizaciones vinculadas a normas y marcos de referencia en ciberseguridad.

En este espacio también se mostraron oportunidades relacionadas con subvenciones para impulsar capacidades. La presencia de tantos recursos evidenció que la gestión de riesgos e incidentes se fortalece cuando se combina experiencia con soporte metodológico.

Lo que la comunidad deja para quienes participan

Al cerrar la jornada, una community manager destacó el trabajo de varios años impulsando la comunidad y el crecimiento de sus miembros: más de 7.500 participantes, con una dinámica cada vez más activa. La conclusión fue una idea compartida: aunque el NCSC facilita el marco, el valor real lo aportan quienes forman parte, porque comparten conocimientos y experiencias con otros.

Para quienes quieran acercarse a estos temas, se invitó a explorar las presentaciones, fotos y materiales generados por el evento, y a unirse a las siguientes reuniones de la comunidad.

Conclusión: controlar riesgos con método y responder con humanidad

El NCSC Community Event dejó una señal clara: la gestión de riesgos e incidentes requiere algo más que controles técnicos. Los asistentes salieron con ideas concretas sobre cómo iniciar con ciclos como plan-do-check-act, cómo estructurar escenarios con MASKeR, y cómo integrar preparación, crisis, cumplimiento, comunicación y responsabilidad.

Además, el evento recordó que el impacto humano es parte del problema: entender víctimas, cuidar el mensaje público y entrenar decisiones bajo presión puede marcar la diferencia cuando el incidente ya está en marcha.

Fuente: https://www.ncsc.nl/nieuws/terugblik-op-ncsc-community-event-risicos-en-incidenten-beheersen